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Le tengo miedo al papel

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Por María Alejandra Díaz

Le tengo miedo al papel, sí, así como suena; le tengo miedo a la hoja en blanco y aún más miedo a empezar a llenarla con ideas que tal vez puedan ser locas, desacertadas, confusas o “tontas”, pero hoy decidí enfrentar ese miedo luego de una frase que mi pastora Carolina Doncel dijo: “Valiente es el que tiene miedos y se atreve a enfrentarlos”, así que heme aquí. 

Hace 4 años cambió mi vida, descubrí que había mucho más en este mundo que lo que veía; que, a mis 27 años, la vida podía ser más emocionante y había un sinfín de sentimientos que aún no había experimentado. Como les habrá pasado a algunos, esto fue causado por un punto de quiebre en mi vida, un momento en el que me enfrentaba a la enfermedad y pérdida del primer hombre que amé y que más he amado, mi papá. La tristeza y el desconsuelo me habían metido en un túnel negro que me llevaba a tomar malas decisiones y a hábitos que me destruían a mí misma, el problema era que ese túnel se volvía cada vez más largo y profundo y parecía no tener salida o vuelta atrás. 

¿Alguna vez has estado en un túnel como ese? Para ilustrarlo mejor, te cuento que es un lugar oscuro, lleno de tristeza, incertidumbre y miedo, un lugar al cual no quiero volver. 

Pero bueno, no estoy acá para hacerte sentir pesar de mí, todo lo contrario, ese túnel se volvió tan nocivo que fue un milagro en mi vida, sí, un milagro, estar ahí sola me hizo darme cuenta de la necesidad que había en mí, de alguien que me ayudara a salir de ese agujero, del cual yo no podía salir sola.

Todo cambió con una decisión, la decisión de no victimizarme más, de empezar a tomar decisiones diferentes, y de darle a Dios la oportunidad de ayudarme, oportunidad que había desaprovechado muchas veces antes, cuando Él se acercó a mí y yo cerré la puerta por varios motivos que después espero contarles. 

Finalmente, decidí que no quería sentirme más así, que quería sentir felicidad completa y no momentánea, que quería estabilidad y balance; fue así cómo empecé, un día a la vez, exponiéndome cada vez más al entorno correcto, a buscar más a Dios, y así fue como un día, sin darme cuenta, en una sala, en una pequeña reunión con una pareja llena del amor de Dios y con mucho para dar, quienes después se convertirían en mis pastores, donde todo cambió, allí tuve un encuentro real con Dios. 

Quisiera decirles que mágicamente todo cambió, pero no fue así, encontrarme y conocer a Dios abrió mis ojos de muchas formas, y esto me llevó a ser radical, dejé muchas cosas que en ese momento no me convenían, amistades, hábitos y pensamientos, algunos de ellos los deje para bien y para nunca volver y otros, los volví a dejar entrar a mi vida cuando supe que no me harían daño y que por el contrario ahora yo podía llevar a ellos de ese AMOR que hay en mí, el amor del Padre.  

No fue de un día para otro, he tenido mis altos y mis bajos, pero los bajos ya no son tan bajos ni llegan para quedarse. Mi vida es otra, hoy me siento feliz con la mujer que soy, con la que Él quiere que sea, me siento plena y me gusta lo que veo en el espejo. Cometo errores y tengo defectos como todos, todavía hay muchas cosas que mejorar y superar, lo bueno es que la vida con el Señor en mí me lleva cada día a ser mejor, es progresiva, y ahí voy, ÉL hace en mi lo que yo no puedo o no soy capaz de hacer y así seguiré caminando cada día, yo de Su mano y Él sonriéndome. 

La mejor parte, es que nunca pensé que ser INMENSAMENTE FELIZ fuera posible, y heme aquí. 

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