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Subámonos al bus

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Por Stella Gómez

Soy Ivet Stella Gómez. Mi esposo Jhon Jairo, mi hijo Santiago, mi cuñado Alex y yo llegamos a Ekklesia el 28 de Mayo de 2017 buscando una casa para plantarnos, sin saber, que lo que Dios tenía para nosotros, era no sólo mucho más de lo que buscábamos, sino todo un viaje de sueños cumplidos en el que iba a cambiar nuestra vida en todos los aspectos de forma permanente y cada vez mejor.

Llegamos rotos. Un matrimonio jóven y lleno de problemas. Problemas de comunicación, de confianza, con deudas hasta el cuello, muy inmaduros en las cosas de Dios, sin foco, entre muchos otros y a punto de separarnos. Desde el día 1 nos amaron. Esta casa nos recibió con los brazos abiertos, nunca nos juzgó, nos levantaron y siempre han representado dignamente a un Padre de amor que abraza a sus hijos.

Al echar el vistazo al pasado no puedo más que sentir un profundo agradecimiento. Con Dios primeramente por soñar esta casa, con mis pastores Felipe y Catalina por ser obedientes y construirla y con cada una de las personas que la conforman y que de una u otra forma han hecho parte de nuestras vidas porque de todos hemos aprendido y todos nos han impactado. 

¿Problemas? Si. ¿Disgustos, dificultades? Por supuesto. He sentido en momentos muy puntuales renunciar y dejar todo. Pero es que somos personas. Vamos a tener que enfrentar adversidad y momentos difíciles. Sin embargo, aquí he aprendido a tener mi mirada puesta siempre en Cristo. Él no me falla, Él no me suelta, Él me sostiene, Él me ama, Él me trajo hasta aquí y Él es la cabeza de Ekklesia. Si lo tengo claro no hay problema o situación difícil que pueda más que Él. 

¿Qué es para mi Ekklesia? No me alcanzan las palabras. 

  • Ekklesia es un hospital. Aquí nuestros corazones fueron sanados.
  • Ekklesia es un puente. Conecta la tierra con el cielo. Aquí aprendí a ser hija de Dios y a relacionarme con Él.
  • Ekklesia es una escuela. Hemos estudiado y aprendido el verdadero Evangelio de Jesucristo. Estamos en un proceso continuo de capacitación y discipulado que no termina. 
  • Ekklesia es un gimnasio. Nos han entrenado y formado primero para hacernos fuertes y después para ayudar a quienes se sumen que necesiten ayuda. 
  • Ekklesia es una familia. Nos preocupamos unos por otros y contamos unos con otros. 
  • Ekklesia es un regalo. Es un sueño de Dios como respuesta a todas las “personas sin iglesia”.
  • Ekklesia es un movimiento. El Espíritu Santo habita en esta casa y nos está llevando a ser la iglesia del futuro, la que Él quiere que seamos. 
  • Ekklesia es el lugar perfecto para gente imperfecta. Aquí somos reales, vulnerables, imperfectos, pero habilitados siempre por la gracia de Dios para tratar cada día de ser más como Jesús. 
  • Ekklesia es amor. Es el amor de Dios vivo en una comunidad increíble. 

De nuevo, no me alcanzan las palabras para describir lo que Ekklesia es para nosotros, ni lo agradecidos que estamos por ser parte de esta hermosa familia. Pero nuestra vida misma habla más que todas las palabras del mundo. Hoy nuestro matrimonio está más fuerte que nunca, hemos sido prosperados y somos libres de todas las obligaciones que alguna vez tuvimos. Hoy vivimos como Hijos de Dios, porque nos reconocemos Hijos de Dios. Nuestra relación con nuestro Padre ahora existe y es real y es íntima y cercana. Hemos crecido en el conocimiento de Dios y Su Palabra a través de todas las plataformas que han habilitado para que aprendamos. Servimos al Señor con nuestra vida, que está totalmente inmersa en Sus asuntos sirviendo a otros. Con un llamado claro y un ministerio maravilloso. Hemos sido usados por Él para extender Su Reino. Hoy hacemos parte de una familia en la que tenemos amigos y hermanos con quienes gozamos de tener lazos irrompibles. Personas incondicionales. Hoy somos cristianos maduros dispuestos a ser manos y pies donde Dios quiera ponernos. 

¿Mi invitación? No pierdan la bendición que Dios tiene para todos los que se unen a este hogar. Hacer parte de Ekklesia es de lejos lo más parecido a la iglesia que Jesús nos enseñó. Estoy segura de que en esta casa habita el Espíritu Santo y con Él de la mano, con el Padre delante y con Jesús en el centro somos imparables. Hace años escuché a mi pastor Felipe decir “Este bus arranca con los que estemos arriba. No sea que no te subas y luego te pongas triste por no llegar a donde nosotros llegamos”. Súbete a este bus y celebra con nosotros estos primeros 4 años y quédate a celebrar muchos más que vienen. Aquí hay lugar para todos y lo mejor aún está por venir.

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